
Perdí la inspiración,
debe ser por los extremos que envuelven mi vida
y aún no sé denunciar.
Pasé de la desvalorización constante,
el exagerar cada arrebato,
de impulsos impensados a
cerrar los ojos y dejar que todo me sostenga.
No hago más que estar detenida frente
A todo lo que me rodea,
lo que ha ganado de a poco perder la sensibilidad
o aquel oculto radar humano para detectar
prioridades, motivaciones y felicidades.
no hay sucesos próximos que traigan
siquiera vislumbres de nuevos atrevimientos.
Tal es el exceso de sosiego que me aborda
que la curiosidad ya no se hace presente en ningún ámbito.
A lo que alguna vez, en pasadas estaciones disfruté,
no encuentro ubicación dentro de los espacios
ni siquiera de lo que se supone me perteneció.
Perdí la premura de vivir: fascinación única de la existencia.

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