
El tiempo me ha llevado más que yo a los pasos,
Más allá que a un destino, y tan lejos que mis frutos se huelen a la distancia.
Cada célula nueva, cada ilustre condena ha sido sacrificio
de la rehabilitación de pedazos sucios que quedaban aún,
Y las fuerzas que contengo se centran hoy en día
Tan sólo en la dirección del fulgor que va esparciendo
Un espolvoreado color miel que se siembra en mi camino.
Dos guías imprecisas en su palpitar, dos puntiagudas tenazas
Que te toman y te envuelven sin permitir retorno en aquel sendero.
Sí, son aquellas pequeñas auroras las que hoy retienen mi llanto,
Quienes acompañan mi largo y travieso andar,
Quien provoca calidez e imprecisión en mis movimientos.
Hoy las razones me las da la brillantez,
Se juntan mis excusas infalibles con lo que siempre quise
Y puedo hacer de esto el instante eterno del equilibrio total.
Esta es la fase en que las palabras son herramientas del inconsciente...
Pero yo al fin perdí el miedo.
Más allá que a un destino, y tan lejos que mis frutos se huelen a la distancia.
Cada célula nueva, cada ilustre condena ha sido sacrificio
de la rehabilitación de pedazos sucios que quedaban aún,
Y las fuerzas que contengo se centran hoy en día
Tan sólo en la dirección del fulgor que va esparciendo
Un espolvoreado color miel que se siembra en mi camino.
Dos guías imprecisas en su palpitar, dos puntiagudas tenazas
Que te toman y te envuelven sin permitir retorno en aquel sendero.
Sí, son aquellas pequeñas auroras las que hoy retienen mi llanto,
Quienes acompañan mi largo y travieso andar,
Quien provoca calidez e imprecisión en mis movimientos.
Hoy las razones me las da la brillantez,
Se juntan mis excusas infalibles con lo que siempre quise
Y puedo hacer de esto el instante eterno del equilibrio total.
Esta es la fase en que las palabras son herramientas del inconsciente...
Pero yo al fin perdí el miedo.
